viernes, enero 06, 2006

sHop

Estoy sentada en la oficina de mi práctica, tengo vista a la plaza y veo como tranquilamente se mueve la gente por las calles de la ciudad. Pasan los años y cada vez que vuelvo a este pequeño centro urbano, los recuerdos y las imágenes reviven. Fueron tantos años, 18 años. La vida fuera y lejos de este lugar no me ha hecho extrañarlo, todo sucede cuando se vuelve aquí.
Hasta que punto se es capaz de abstraerse con el tiempo, tomar una mirada más objetiva aunque no extranjera. Una mirada que pertenece a este lugar, pero que observa desde fuera. Ya van tres años de distancia e intento encontrar esa mirada, no sé por qué la busco y que es lo que quiero. Quizás puede ser que creo que de alguna manera, si puedo enfocarme así lograré valorar aquello aún no valorado. Todo aquello que pasa desapercibido, que puede ser muy bello. Hay una particularidad en cada lugar de esta ciudad, muchas veces me pregunto e intento verbalizarla. No sé bien qué es, solo puedo nombrar algunos ejemplos quizás. Es un centro urbano, hay tradiciones, hay estructura social. Estamos en el campo.
Me sorprende cada día, estando ya de visita, el mundo que me rodeó alguna vez. Este mundo de campo, sutilezas, tranquilidad, mirada baja y colores. Una ciudad donde se conjugan simultáneamente personajes distintos pero complementarios.
Anoche fui a la shoperia, el lugar donde me cobijo en las vacaciones. Un pequeño antro, y lo digo con orgullo. Un antro. Donde ha sido posible juntar y revolver toda la gente que habita aquí, en alguna parte, los personajes de cada lugar. Tocaba anoche una banda de pendejos, ya para mi. Un tributo a Pearl Jam, grupo que ha marcado la historia de muchos amigos del lugar. El bar estaba lleno, la gente se apretaba para pasar, ver algo del grupo y poder agarrar un maldito asiento. Nos sentamos al final del local, pedimos unos shop y fumamos. De ese lugar apenas se escuchaba la música (en ese momento me acordaba de la tía que vive al lado, sola, y que sufre cuando hay noches de música en el bar, muerta de susto. Alguien podría entrar y no escucharía los pasos), solo veíamos gente.
Por mas pequeño que sea el pueblo uno no puede conocer a todos, las caras se repiten eso si. Y los personajes populares se saben conocidos. No podía faltar ella, la perra, la que se agarró a todos mis amigos y más de algún cagado a un ex le tiró. El travesti, una mina exquisita, con mejor culo que muchas de las que estaban ahí. La tía, el tío, el hermano, el flaco, el gordo. Las rubias, los intelectuales, los pendejos achorados, los bomberos, el jeepero, los viejos alcohólicos, el de bluiejeans con parca estilo columbia, el pololo santiaguino de una y la visita del otro, los metaleros, las rosaditas y las desastradas. Estaba toda la gente que iba a estar. Incluso estaba la sureña con pinta de estudiar en Santiago.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sin duda el tiempo pasa, y lo que nos pareció nuestro ahora se presenta como ajeno…
Tomamos distancia y otro mundo se nos abre, dejamos de sentirnos dueños de este lugar porque ya les pertenece a otros, y nosotros, con horizontes lejanos, encontramos nuevos destinos.
Aunque siempre habrá personajes que se mantendrán embalsamados en este lugar: Los bomberos, los jeeperos, los de bluejeans con parka columbia…

4:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

y quien es la perra?

5:48 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

todo empieza en un lenguaje sostenido,
todo termina en un lenguaje vulgar.
pero perfecto

5:53 p. m.  
Blogger tunel said...

que definitorio, estoy muy lejos ahora, pero a través de ese "antro" que compartimos todos, es posible transportarse, es una radiografía del paso del tiempo, y a la vez de todo lo que se mantiene detenido, de las pautas inamovibles.

1:26 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home